La experiencia es la de átomo que durante un breve instante de lucidez, percibe la inmensidad del espacio infinito. Personas con una luz de amor y humildad, ante las cuales nuestros egoístas sentimientos, son como la luminosidad desprendida por una cerilla; que intenta competir con la explosión infinitamente inmensa para la comprensión humana que produce una supernova.
Personas que cuando percibes la grandeza de su ser, causa que las lagrimes de tu interior broten, incluso las que llevaban años retenidas. Porque de manera inevitable toda tu alma se desploma, al igual que nuestros cuerpos, de manera inevitable, obedecen a la ley de la gravedad. Personas que por ósmosis de su grandeza pueden cambiar toda tu vida sin que ellos/as tan siquiera pretenda hacer nada. En un cuerpo tan pequeño como el de un ser humano, es difícil entender cómo puede habitar un corazón tan grande, y es difícil entender como en ese mismo corazón, puede existir un alma tan inconmensurablemente inmensa.
Muchas de estas personas viven su vida de manera desapercibida, no están aquí para llamar la atención de multitudes, aunque sin lugar a dudas su existencia aquí tiene una clara razón de ser, y todos aquellos que pueden ver a través de su carcasa humana, quedarán profundamente impactados ante la rotundidad de la belleza de su alma. Una belleza imposible de describir para mí. Pienso en su cuerpo físico como un patito más o menos torpe que se pierde en la multitud del estaque, entre muchos otros patitos, mientras que su alma, forma el más maravilloso cisne de luz que la mente humana podría llegar jamás a percibir. Una forma de luz infinita en pureza y belleza.
A veces algunas de estas personas sufren algún trato terrible, son laceradas cruelmente por el resto de humanos egoístas, que aprovechamos, abusamos, o violamos a los demás con nuestra naturaleza e intenciones primitivas. Y cuando podemos observar esto desde fuera, viendo claramente la imagen, nuestra comprensión de tal injusticia rompe una parte de ti mismo, fragmenta tu realidad como un espejo que revienta en miles de millones de partículas.
Te preguntas el por qué sucede esto, aunque tal vez deberías preguntarme cómo es posible, que a pesar de eso, esa alma siga brillando de manera tan infinitamente hermosa. Y entonces deduces que solo habías empezado a vislumbrar la verdadera profundidad de su pureza: Ante la cual cualquier intento por mi parte de trasmitirla, resultan garabatos sin sentido… Y el átomo vuelve a mirar de frente al universo ¿Y que puede sentir un átomo ante la perspectiva de contemplar el universo?
Hay un maravilloso cuento de Jorge Bucay que me viene a la mente pensando en todas esas personas tan sumamente maravillosas, tan excepcionalmente únicas y especiales; que es muy difícil reconocer su verdadero valor...
El verdadero valor del Anillo.
Erase una vez un joven que acudió a un sabio en busca de ayuda.
-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo: «Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después...». Y, haciendo una pausa, agregó: «Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar».
-E... encantado, maestro -titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien -continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió: - Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.
Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.
Rubén B Soto
Cuento El verdadero valor del anillo: Jorge Bucay
- Si quieres copiar algún post de este blog, por favor, lee las condiciones que se proponen en la licencia internacional de CC.
- Se permite la distribución del contenido siempre que se cite fuente y se incluya enlace.
- Este blog esta protegido por Copyscape.
- Si algún texto o imagen de este blog vulnera algún derecho de propiedad ponte en contacto conmigo y será automáticamente retirado.
rubenbsoto@gmail.com
rubenbsoto.blogspot.com
- Este blog esta protegido por Copyscape.
- Si algún texto o imagen de este blog vulnera algún derecho de propiedad ponte en contacto conmigo y será automáticamente retirado.
rubenbsoto@gmail.com
rubenbsoto.blogspot.com





2 comentarios:
Gran entrada, tengo el cuento y me gustó mucho la vez que lo leí. Me agrada que hayas escogido ese cuento para una de tus entradas puesto que lo considero muy afín a mis inquietudes. ¡Un abrazote Rubén!
Hola Ciro. Es uno de mis cuentos favoritos junto con el del elefantito amarrado. En general toda la obra de Jorge Bucay me parece muy interesante.
Un abrazo muy fuerte.
Publicar un comentario