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Halloween: orígenes y significado

Existe una noche del año en la que las leyes del tiempo y el espacio se suspenden temporalmente y la barrera que separa al mundo de los vivos del mundo de los muertos desaparece.

Cada 31 de octubre personas de todo el mundo se preparan para recibir la inusitada visita de seres que alguna vez también pisaron la Tierra y gozaron de un cuerpo físico.

Es Halloween, la noche de los espíritus, conocida en los países hispanohablantes como Noche de Brujas. El nombre de esta pintoresca y, actualmente, muy comercial festividad se deriva del inglés All Hallow's Eve, es decir, la Víspera del Día de Todos los Santos, denominación dada por la Iglesia Católica*1, ya que como fiesta mayor, el Día de Todos los Santos tuvo su celebración vespertina del día anterior en la "vigilia" para preparar la fiesta (víspera). Con el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando primero a All Hallowed Eve, luego a All Hallow Een para terminar en Halloween, palabra que hoy conocemos.

- Las fiestas cristianas


El Día de Todos los Santos (1 de noviembre), como su nombre lo indica, es celebrado en honor de todos los santos, conocidos y desconocidos, y según el papa Urbano IV (1195-1264), para compensar cualquier falta a las fiestas de los santos durante el año por parte de los fieles. Su origen parece estar ligado a la persecución de los cristianos por parte del emperador Diocleciano (284-305) quien incrementó tanto el número de mártires que no se podían venerar por separado, por lo que surgió la necesidad de conmemorar su ejemplar conducta en una fiesta para "Todos los Mártires" que la Iglesia de Siria comenzó a celebrar, aunque en diferentes fechas, a partir del siglo IV. Tres siglos después, el 13 de mayo de 610, el Papa Bonifacio IV transformó el Panteón Romano (templo dedicado a todos los dioses) para ser "templo de la Santísima Virgen y de todos los Mártires", por lo que esta fiesta se celebraba cada 13 de mayo. Posteriormente, en el año 741, el Papa Gregorio III (731–741) trasladó esta conmemmoración al primer día de noviembre que era el día de la "Dedicación" de la Capilla de Todos los Santos en la Basílica de San Pedro en Roma, y más tarde, en el año 840, Gregorio IV (827–844) la extendió a toda la Iglesia.

Al día siguiente la Iglesia conmemora el día de los Fieles Difuntos, o Día de Muertos, que tiene lugar cada 2 de noviembre, cuyo objetivo es orar por aquellos cristianos que han acabado su vida terrenal y, especialmente, por aquellos que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio. En el siglo VI los benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En Alemania cerca del año 980, según el testimonio de Widukind, abad de la Corvey, hubo una ceremonia consagrada a la oración de los difuntos el día 1 de noviembre, fecha aceptada y bendecida por la Iglesia. San Odilón u Odilo en el 980, abad del Monasterio de Cluny, en el sur de Francia, añadió la celebración del 2 de noviembre como fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo que fue llamada "Conmemoración de los Fieles Difuntos". De allí se extendió a otras congregaciones de benedictinos y entre los cartujos; la Diócesis de Lieja la adoptó cerca del año 1000, y en Milán se adoptó en el siglo XII, hasta ser aceptado el 2 de noviembre, como fecha en que la Iglesia celebraría esta fiesta.

- La fiesta pagana


Pero como ocurre con gran parte de las fechas cristianas, el origen del Halloween en realidad es pagano. Con el fin de erradicar el paganismo, la Iglesia intentó reemplazar una antigua festividad celta por estas dos fiestas cristianas.

Esta celebración celta se llama Samhain, que en gaélico significa "Fin del Verano". Marca el fin de año y el comienzo del año nuevo celta. Es una de las cuatro festividades más importantes del calendario celta (Samhain, Imbolc, Beltane y Lughnassad) en la cual se celebraba el final de la temporada de cosechas al inicio del otoño, cuando se recolectaban los frutos de los campos y se realizaban las provisiones para el crudo invierno, estación en la que la Oscuridad aparenta vencer por un instante a la Luz.

El calendario celta fue diseñado para ordenar el ciclo agrícola con las fases lunares ya que la posición del Sol tenía una importancia secundaria. Dividía el año en dos mitades: la mitad oscura comenzando en el mes de Samonios (lunación octubre-noviembre), y la mitad clara, comenzando en el mes de Giamonios (lunación abril-mayo). Se consideraba que el año comenzaba con la mitad oscura, así Samonios era el primer mes del año nuevo celta. Todos los meses comenzaban con luna llena y la celebración del año nuevo duraba tres noches, Trinouxtion Samonii (Tres noches de Samonios), la luna llena más cercana entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno. Las lunas llenas marcaban el punto medio de cada mitad del año durante las cuales se celebraban las Cuatro Grandes Fiestas, por ello no existía una fecha fija para cada celebración.

Los antiguos britanos tenían una festividad similar al Samhain conocida como Nos Calan Gaeaf, la víspera del primer día de invierno, mientras que los romanos celebraban la "Fiesta de la Cosecha", en honor a Pomona, diosa de los árboles frutales, no obstante, en Roma se observaba el fin del año el 21 de febrero con una fiesta llamada Feralia, en la que se rezaba y hacían sacrificios por los manes (espíritus de los muertos)*2. Este día marcaba el final de Parentalia, un festival de nueve días (del 13 al 21 de febrero) en honor a los ancestros difuntos. Con la conquista romana de las galias, se llegarían a mezclar en diversa medida ambas festividades, la romana y la celta. Posteriormente, los monoteístas cristianos consideraron las celebraciones celtas como una práctica herética, por lo que comenzó la destrucción de la cultura celta y el sometimiento de los pueblos libres paganos, forzados a convertirse al cristianismo, demonizando sus creencias y absorbiendo sus festivales con el fin de afianzar el dominio político y social del cristianismo.

Los celtas, ese fascinante pueblo indoeuropeo forjado durante la Edad de Hierro y extendido por gran parte de Europa, creían que con la llegada del Samhain, las fuerzas espirituales aumentaban su potencia, lo que generaba un debilitamiento de los límites entre el mundo material y el mundo espiritual, y causando que la línea que une a ambos mundos se estrechara, permitiendo que las almas de los muertos cruzaran los límites de su mundo teniendo la oportunidad de convivir temporalmente con los vivos.

Este debilitamiento se originaba porque en estas fechas ocurría la unión entre Dagda, dios de la luz, la abundancia y la vida, y Morrigan, diosa de la noche, la guerra y la muerte.

(Imagen: Jim Fitzpatrick, Dagda y la mujer del río Uinnius.).

El mito narra que existía una guerra entre los dioses llamados Tuatha Dé Dannan (gente de la diosa Danu), y los Fomoré, una especie de deidades monstruosas y malévolas; aberraciones infernales que tenían diversas formas: algunos con un ojo, un pie y una mano; otros tenían cabezas de animales, generalmente de cabra. Antes de la segunda batalla de Magh Tuireadh, mientras Dagda caminaba por el bosque en dirección hacia el palacio para encontrarse con sus hermanos y prepararse para el combate, llegó a un río llamado Uinnius, donde vio a una hermosa mujer bañándose en él. Cuando se acercó, Dagda se dio cuenta de que se trataba de la bella Morrigan, la oscura Señora de la Guerra. Ella persuade a Dagda a pasar la noche juntos, lo que finalmente logró prometiéndole ayudarle en la batalla. De este modo, las fuerzas opuestas de la Vida y la Muerte; de la Luz y las Tinieblas, danzaron y se unieron sexualmente en un acto apasionado (Coincidentia oppositorum), por lo que los límites entre los mundos de los vivos y los muertos se desvanecían y el alma de los ancestros podía visitar a sus familias.

Dagda, Morrigan y los Tuatha Dé Dannan vencieron finalmente a los Fomoré expulsándolos al Mundo Subterráneo, y establecieron así un reinado de paz. La unión sagrada entre Dagda y Morrigan se repetía cada año al finalizar el verano con el fin de renovar la futura prosperidad del pueblo y asegurar la fertilidad de las cosechas.

(Imagen: Jim Fitzpatrick, Dagda y la hija de Indech.).

Sin embargo, no sólo las almas de los difuntos podían atravesar la delgada línea que separaba a ambos mundos, sino también a cualquier clase de espíritus, tanto buenos y amigables como malvados y hostiles, por lo que las personas tienen que ser muy precavidas en estos días.

Con el fin de ahuyentar a los espíritus malignos, decoraban el exterior de sus viviendas con nabos ahuecados (que posteriormente se cambiarían por calabazas) tallados con forma de horribles rostros y colocando en su interior una vela. Se dejaba comida afuera de las casas para recibir a los ancestros muertos en su viaje, se prendían grandes fogatas en los campos llamadas Samhnag un elemento indispensable en Samhain y que, como en toda fiesta estacional, simbolizan la luz del Sol, que en este caso irá disminuyendo. La hoguera propicia la unión de la comunidad, por lo que además toma un sentido social. Los fuegos de las casas se mantenían encendidos toda la noche. Las hogueras, además de alejar a los espíritus malignos, cumplían la función de mostrar a los antepasados el camino a casa.

Se piensa que el uso actual de disfraces y máscaras se origina en la práctica ritual de los druidas, sacerdotes celtas, quienes salían en la noche y se cubrían con pieles de animales, se pintaban la cara o usaban máscaras con características grotescas. Su propósito era adoptar la apariencia de un demonio o espíritu maligno para evitar ser atacado por éste.

Otras actividades que realizaban los druidas durante esos días era la de recolectar hierbas y raíces para preparar sus brebajes, orar y hacer toda clase de ejercicios espirituales, sobre todo prácticas de adivinación, pues se creía que eran más efectivas durante el festival.

Entre las hierbas y alimentos asociados al Samhain se encuentran el crisantemo, el ajenjo, las manzanas, las peras, el avellano, el cardo, las granadas, las nueces, las calabazas, el trigo, las remolachas, los nabos, el pan de jengibre, etc.

- Folclore irlandés


Durante la Edad Media, Samhain era la fiesta más importante en Irlanda, en la cual se realizaba una gran reunión. En todas las colinas se encendían fuegos, señalando donde debía reunirse la gente, y contaban historias sobre sus antepasados y cuentos populares.

Existe un viejo cuento irlandés que relata acerca de Jack "El Tacaño" (Stingy Jack en el original inglés), un perezoso pero astuto granjero que engañaba y mentía a vecinos y amigos. Esta conducta le consiguió toda clase de enemistades pero también una reputación de persona tan malvada que llegaría a rivalizar con el mismísimo Diablo a quien engañó para que no pudiera llevarse su alma al infierno.

Una de las muchas versiones de esta leyenda poscristiana, dice que Jack estaba siendo perseguido por algunos aldeanos a quienes había robado cuando se encontró con el Diablo. Éste se había disfrazado como un hombre para visitar el pueblo donde vivía Jack, y cuando lo encontró se puso a beber con él durante largas horas, revelando su identidad tras ver que en efecto era un auténtico malvado. Cuando el Diablo le dijo que venía a llevárselo para pagar por sus pecados, Jack le pidió una ronda más juntos como última voluntad. El Diablo se lo concedió pero al ir a pagar ninguno de los dos tenía dinero, así que Jack retó al Diablo a convertirse en una moneda para pagar la ronda y demostrar sus poderes. El Diablo lo hizo, pero en lugar de pagar con la moneda Jack la metió en su bolsillo, donde llevaba un crucifijo de plata. Incapaz de salir de allí el Diablo ordenó al granjero que le dejara libre, pero Jack no lo haría a menos que prometiera volver al infierno para no molestarle durante un año.

Transcurrido ese tiempo, el Diablo apareció de nuevo en casa de Jack para llevárselo al infierno pero de nuevo Jack pidió un último deseo, en este caso que el Diablo le diera una manzana situada en lo alto de un árbol, como su última comida antes de su castigo. El Diablo accedió, pero cuando estaba en el árbol Jack talló una cruz en su tronco para que no pudiera escapar. En esta ocasión Jack le pidió no ser molestado en diez años, además de otra condición: que nunca pudiera reclamar su alma para el infierno, lo que el Diablo le concedió.

Sin embargo, luego de un tiempo Jack muere, y por supuesto, se le impidió la entrada al Cielo por su mal comportamiento en vida, y como el Diablo prometió no llevarse su alma, quedó también fuera del Infierno, por lo que fue condenado a vagar sin rumbo por el mundo con un nabo hueco con un carbón ardiendo dentro como única luz que guiara su errante y oscuro camino. Con el paso del tiempo Jack el Tacaño fue conocido como Jack el de la Linterna o "Jack of the Lantern", nombre que se abrevió a "Jack O'Lantern". Esta es la razón de usar nabos, y más tarde calabazas, al ser más grandes y fáciles de tallar, para alumbrar el camino a los difuntos en Halloween.

Parece ser que el nombre de jack-o'-lantern se refirió originalmente a un vigilante nocturno, u hombre con farol, siendo conocido su uso a partir de mediados del siglo XVIII, y más tarde se aplicó al fenómeno de los fuegos fatuos (will-o'-the-wisp, en inglés).

El famoso "Truco o Trato" (en inglés, Trick-or-Treat) proviene también de la creencia de que entre los espíritus malignos que podían visitar el mundo material, se encontraba este mismo Jack, quien iba de casa en casa pidiendo "truco o trato". Los habitantes debían aceptar el "trato" que el espectro deseara sin importar el costo que éste tuviera, de lo contrario, usaría sus poderes para maldecirlos y toda clase de calamidades podrían caer sobre ellos, tales como enfermedades, destrucción de sus cultivos, muerte del ganado o hasta quemar la casa, entre otras horribles consecuencias, todo ello en forma de "truco".

Como protección surgió la idea de tallar en los nabos y calabazas, caras horrendas, para así evitar encontrarse con Jack O'Lantern. Con el tiempo, el nombre del espectro sería asociado a las propias calabazas talladas, que es como son conocidas hoy en día.

En la actualidad, las personas, sobre todo los niños, se disfrazan para la ocasión y pasean por las calles pidiendo dulces de puerta en puerta. Después de llamar a la puerta los niños pronuncian "trick ir treat" "truco o trato", o bien "dulce o travesura". Si los adultos les dan caramelos, dinero o cualquier otro tipo de recompensa, se interpreta que han aceptado el trato. Si por el contrario se niegan, los chicos les gastarán una pequeña broma, siendo la más común arrojar huevos contra la puerta.

El recorrido infantil en busca de golosinas probablemente se origina en la tradición neerlandesa de la Fiesta de San Martín (11 de noviembre), misma que según el antropólogo escocés James Frazer (1854-1941) en La rama dorada, tendría también un origen pagano: la excursión portando el fuego sagrado como ritual de fertilidad pre-cristiano, extendido por toda Europa Occidental.

Hay quien sostiene que esta práctica se debe más bien a una tradición surgida en Inglaterra en los tiempos de la feroz lucha del protestantismo contra el catolicismo. En aquel tiempo, los católicos no tenían derechos legales, no podían acceder a ningún cargo público y eran acosados con multas, impuestos elevados y hasta con cárcel. Celebrar misa al modo católico era una ofensa capital y cientos de sacerdotes fueron martirizados por ejercer su ministerio. Según cuenta la historiografía inglesa, el 5 de noviembre de 1605 se descubrió una supuesta conspiración para matar a Jaime I con barriles de pólvora colocados bajo Parlamento inglés y que explotarían en la ceremonia de Apertura del Estado. Este presunto complot fue utilizado por los protestantes ingleses para justificar sus ataques a los católicos y mandar a buena parte de ellos a la horca. El descubrimiento de tal conspiración se convirtió en motivo de una gran celebración en Inglaterra, que habría llegado hasta nuestros días bajo la forma del Trick or treat. Los protestantes de dichas regiones, ocultos con máscaras, se dice, celebraban el evento los primeros días de noviembre visitando a los católicos y exigiéndoles cerveza y comida para su celebración, amenazándolos con dañarles si no proveían de regalos para el festejo. Dicha costumbre, según dicen los defensores de esta versión, fue llevada por los emigrantes a los Estados Unidos, y acabaría fundiéndose con las tradiciones célticas de Halloween.

- La Muerte


Otra figura folclórica que debido al sincretismo cultural ha alcanzado gran importancia en estas fechas es la propia personificación de la Muerte, misma que en México ha llegado a ser objeto de culto, llamándola la "Santa Muerte".

Aunque este bizarro culto, mismo que la Iglesia no aprueba, tiene origen en un error de interpretación de una oración católica en la que se pide por "tener una santa muerte" (más que por un pretendido sincretismo entre del dios azteca de la muerte Mictlantecuhtli y las representaciones europeas), lo cierto es que en la propia Biblia ya existía una personificación de la muerte: uno de los cuatro jinetes aparecidos en el libro del Apocalipsis: "Miré, y vi un caballo amarillo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra". Apocalipsis 6:8.

La Muerte, conocida en inglés como Grim Reaper ("El Siniestro Segador"), su guadaña (instrumento de la cosecha) es un símbolo que le da el título de "Segador de almas". Suele representársele también con un reloj de arena, símbolo del tiempo, ya que el tiempo siempre termina con extinguir la vida de todo lo que existe: tarde o temprano, el tiempo nos lleva a nuestro destino inexorable.

Ya los griegos la representaban por medio de Thanatos, hijo de Nix, la Noche y hermano de Hypnos, el Sueño, con íntima relación con todos los dioses "oscuros", como Hades, el Señor del Inframundo. En la mitología nórdica se asocia a Hela, la reina del Helheim mientras que en la mitología judía e islámica se encuentra Azrael, el Ángel de la Muerte.

Notas:

*1 Halloween es, por tanto, una palabra de origen católico, no pagano ni protestante, y mucho menos satánico o diabólico.
*2 Las lápidas romanas a menudo incluían las letras D. M., que significaba Dis Manibus, o "Dedicado a los manes". El vocablo manes (espíritus de los muertos) deriva del protoindoeuropeo men-, "pensar". Son palabras relacionadas el griego antiguo menos ("vida, fuerza") y el avéstico mainyu ("espíritu").

Bibliografía:

-Héctor Lujambio Valle, Historias de Dioses, Demonios y Héroes: La verdadera tradición y origen del Halloween.
-Nicholas Rogers, Halloween: From Pagan Ritual to Party Night: Samhain and the Celtic Origins of Halloween. New York: Oxford University Press, 2002.
-John Gregorson Campbell, The Gaelic Otherworld.
-Bettina Arnold, Halloween Customs in the Celtic World. University of Wisconsin-Milwaukee.
-Elizabeth Gray, Cath Maige Tuired: The Second Battle of Mag Tuired. Irish Texts Society, 1982.
-Miranda Jane Green, Dictionary of Celtic Myth and Legend. London. 1992.
-Alexander McBain, Celtic Mythology and Religion. New York, 1917.
-John A. McCulloch, The Religion of Ancient Celts. Edimburg, 1911.
-James George Frazer, The Golden Bough: A Study in Magic and Religion.


Rubén B Soto
Publicador originalmente: Lingua Passerum por Rodericvs

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4 comentarios:

MakurA dijo...

Vaya, muy extenso y muy interesante. Menuda currada de post!!!

Me ha gustado especialmente lo de Jack O'Lantern, ya que no conocía el origen del mito =)

Rubén dijo...

A mí también me parece muy interesante esa parte. Estoy preparando algunas cosas para Navidades, ya lo verás. Cambie los banner como hablamos por skype.

Un abrazote muy fuerte Alex.

Kurosh dijo...

De las mejores entradas hasta la fecha, bello uso del lenguaje y de absorbente lectura.

Muy interesante el repaso que das a la historia de Halloween. Muy buen trabajo tío, me ha resultado un placer leerlo. Y gran empleo de la biliografía por cierto.

Un abrazo fuerte Rubén, sigue así.

Rubén dijo...

El post no lo he escrito yo, es obra de mi compañero Rodericvs (http://linguapasseris.blogspot.com). Pero tienes razón que es muy bueno, por eso lo he posteado en mi blog con su aprobación. Debajo del texto, en letras grises, siempre pongo el autor y/o web de referencia. Fíjate y verás su nombre.

La mayoría de lo que hay en este blog es mío, pero cuando encuentro algo de calidad me gusta compartirlo con todos. Además de otras publicaciones científicas que también público.

Esto funciona en ambas direcciones, y hace que en conjunto nos enriquezcamos más todos, aquí puedes ver un post de mi blog en otra página, también de un amigo, Juan Carlo de la UNED: http://sexologiauned.blogspot.com/2010/11/sexo-tantrico-una-perspectiva-diferente.html

Ya que los he citado, saludo a ambos y les mando un fuerte abrazo.

Y por supuesto también para ti, gracias por tu apoyo constante. Nos vemos pronto en España.

Rubén Ballesteros

Rubén Ballesteros
Creo que la salud es lo más importante en la vida. Sin salud ni tan siquiera habría vida. La salud ha sido siempre el hilo conductor de todo lo que he hecho hasta ahora, incluso cuando no era consciente de ello.

Desde el impulso vehemente de mi adolescencia que me llevó a practicar diferentes deportes de manera intensa y comprometida. Pasando por la curiosidad de la juventud que me llevo (y me lleva) a explorar regularmente diferentes partes del mundo. O mi iniciación en las filosofías de vida orientales como el Tantra o el Tao. Hasta el momento presente, en que me dedico a tratar personas (no pacientes) para mejorar su salud. Todas estas acciones han sido y son manifestaciones de mi búsqueda por encontrar y posteriormente ayudar a otros a encontrar la salud.

Siendo salud un termino ambiguo, debo decir que para mí esta se define en el conjunto más amplio de la misma: Una salud integral e integradora de cuerpo, mente y espíritu. Para mí la salud engloba bienestar, felicidad, plenitud, realización, equilibrio y amor. Además obviamente de funcionalidad y normalidad en todas y cada una de las estructuras biológicas de nuestro cuerpo, siendo esta última su definición más clínica.

La Organización Mundial de la Salud define salud como "el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia" añadiendo posteriormente "y en armonía con el medio ambiente". Se puede por lo tanto entender la salud como el nexo imprescindible para reconciliar al hombre con él mismo, con su esencia y con el mundo que lo rodea.

Un abrazo de Luz.
Rubén Ballesteros.

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