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El Centramiento

Aquí os dejo un texto que me mando mi amigo y compañero Ángel Gracia, monitor de Tantra del equipo de Guillermo Ferrara en Madrid. Ángel siempre nos esta regalando magníficos comentarios, reflexiones apasionadas y relajaciones guiadas capaces de llevarte o otro mundo. Dejando aquí estas palabras pretendo agradecerle toda la maravillosa energía con la que siempre nos brinda tan generosamente.

Nada más subir al coche, Ana me preguntó: “Otto, ¿a dónde te has ido en la parte final de tu lectura?”. No se le escapa una. No sé si la gente se dio cuenta de ello. El cuerpo es tan sabio que puede continuar realizando sus funciones sin la conciencia de quien lo habita. Y la lectura es una acción que llevamos tan impregnada que permite la posibilidad de continuar leyendo mientras no se permanece en ella. Lo cierto es que, mientras estaba vocalizando lo que mis ojos leían sobre el papel, YO me encontraba muy lejos de allí.

Vamos a analizar la experiencia científicamente a ver a dónde nos llevan los resultados. El sábado por la noche, al llegar a casa, tras el día de curso, me llamó el IMPULSO de leer “algo” antes de que Ana comenzara su concierto. Olfateé instintivamente y el aroma dirigió mi atención a aquello que escribí, hace ya bastantes meses, sobre “EL SONIDO DEL SILENCIO”. Era lo preciso: Ana iba a hacernos vivir el sonido y yo contaría lo que me un día me contó el silencio. Era la mejor manera de transmitir la constatación de que “sonido” y “silencio” son las dos polaridades de un único concepto.

Comienzan las sincronicidades mágicas. Yo no sabía lo que Ana pretendía trabajar y mucho menos que iba a realizar una práctica sobre equilibrio de hemisferios cerebrales. Este desconocimiento se eleva al grado de absoluto si tenemos en cuenta que lo que leí lo había escrito en febrero o marzo. Aquel ya lejano día plasmé en papel la experiencia del sentimiento del silencio en mi SER. Ahí comenzó esta investigación. La vivencia del silencio dio el pistoletazo de salida al nacimiento del proceso imaginativo vivido íntimamente, al convertirme en la cabeza de la línea que iba configurando el dibujo de la expresión del silencio. Entrando primero por los oídos, luego por las fosas nasales, para expandirse después en un lóbulo cerebral, seguidamente en el otro y, más tarde en la totalidad del cerebro para, de este modo, lograr su limpieza sabiéndola contenedora del todo y adquirir el estado vacuo desde el que (intuí entonces) se accedía al conocimiento universal. Según estaba leyendo esto y, por tanto, reviviendo aquella experiencia, lo intuido en aquel momento, se encarnó en certeza, ya que, por un instante, accedí a un conocimiento que hasta ahí no formaba parte del abanico construido por las “cosas que sé”. Mejor dicho, vamos a ser precisos con el lenguaje: No fui yo quien accedió a ese conocimiento, sino que fue él quien, encontrándome yo leyendo con todas las circunstancias anteriores, penetró en mi. Accedió, como en otras ocasiones, en forma de “chispazo” que abrió la puerta para que me “fuera”. SENTÍ lo siguiente: “Desde que nacemos nos vienen educando en la división (lo bueno es lo contrario de lo malo, lo masculino es lo opuesto a lo femenino, el silencio es la ausencia de sonido, etc.). Grandes iluminados, entre ellos Osho, nos han transmitido hasta la saciedad que se trata de los polos extremos de un mismo concepto único. Yo, quizá no había entendido sus explicaciones hasta ahora o (vamos a ser precisos de nuevo) las había vivido en mi desde mi experiencia y siempre había imaginado una línea en la que en el centro se encontraba el equilibrio, en un extremo (por seguir con el objeto de esta experimentación) el sonido y en el otro el “no sonido”. El caso es que si acababa de llegar a la conclusión de que el sonido perfectamente armonizado producía idénticas sensaciones que el silencio plenamente vivido en mi interior y, por lo tanto, ambos eran lo mismo, no me cabía la explicación de cómo aunar un extremo de una línea con el otro para que confluyeran en idéntico punto.

Lógicamente, la solución es muy sencilla: el círculo. En el círculo el sonido y el “no sonido” se integran en la unidad originaria que ellos constituyen. Idéntico proceso debemos realizar con el resto de los conceptos sobre los que nos han educado para que los desintegramos en dos y que sabemos que son uno (amor-odio, masculino-femenino, etc.). De esta forma, ideas lineales pasan a transformarse en circulares y, al adquirir tridimensionalidad, en esféricas. Ya hemos dado un paso importante, pero el resultado del experimento continúa “chirriando”, no “suena” armoniosamente. Falta una clave desconocida en la investigación que haga encajar perfectamente todo el engranaje.

Esta clave me vino dada en forma de llave para abrir la puerta de acceso al “otro lado” y que fue la causa de que me fuera momentáneamente del lugar: ¿¿¿Cómo no me había dado cuenta antes???: El experimento siempre lo realizamos a través del análisis desde nosotros de lo externo. Me explico: desde mí mismo, trato de analizar el concepto de sonido y el de silencio, llegando a conclusiones acertadas, pero incompletas. ¿Y si lo hacemos al revés? ¿y si, sin intervenir, dejamos que sea el círculo formado por el “sonido-no sonido” el que nos ubique en nuestro justo lugar?. ¿Y si permitimos que el círculo del “amor-odio” nos coloque donde nos corresponda?. ¿Y si el círculo que constituye el andrógeno “masculino-femenino” nos asienta en la realidad sexual que somos?, ¿cuál sería el resultado? Abstráete y experimenta. El resultado es EL CENTRAMIENTO.

El CENTRAMIENTO consiste en la conciencia absoluta de tu propia ubicación a cada instante. Y es esa sencilla conciencia la que te ancla en el centro de equilibrio magnético exacto en el que colocan las fuerzas de las esferas de todos los conceptos duales una vez unificados. Desde ese CENTRAMIENTO desaparece para siempre la división y se llega a esfumar el propio concepto en sí que ha sido el originario de esta investigación; ya que, desde ese centro, la vivencia del sonido, del silencio, y de los demás planetas que constituyen la unidad dual, deja de ser externa y pasa a formar parte de lo que es: de tu propio ser.


Ángel Garcia

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5 comentarios:

Kurosh dijo...

Es una forma muy interesante de ver que los extremos se tocan. Es muy cierto que cuando pensamos en extremos visualizamos una línea, pero si pensamos en el círculo todo cobra sentido.

Está muy bien además, para aprender a hablar (a emitir sonido) hay que aprender a callar (silencio).

Kurosh dijo...

Además, ahora que lo pienso. Este texto da a entender que la diferencia no existe, pero nuestro pensamiento se basa en la diferencia: "esto es, esto no es". Si dinamitamos nuestra lógica y dejamos que nuestro ser trascienda, podemos alcanzar estados de la conciencia que nos superen.

Un gran estado el del centramiento, pero me parece un poquito difícil. Pero bueno, como todo fin, tendemos a él.

Rubén dijo...

El estado puede ser difícil, pero en realidad el objetivo más que alcanzarlo es siempre perseguirlo. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar". El poema de Antonio Machado siempre me ha parecido una síntesis bastante buena sobre el enfoque de la búsqueda espiritual. ¿En un camino infinito como se puede pretender terminar el camino? El objetivo es simplemente recorrerlo con una sonrisa.

Como siempre tus comentarios Ciro están llenos de riqueza y agradezco mucho todas tus aportaciones.

Un abrazo muy fuerte.

Hrodrik Swain dijo...

Hola Rubén, muchas gracias por tu comentario, por supuesto que me ha gustado tu sitio y ya he agregado tu banner.

Ahora tendré más cosas qué leer, y espero que también des algunos consejos para conseguir pareja porque si no ni cómo poner en práctica todo eso jaja, gracias nuevamente, te mando un abrazo.

Rubén dijo...

Gracias Rodericvs, puede que más adelante hable sobre algunas directrices del comportamiento hombre-mujer que puedan ser interesantes para conseguir pareja. De todas formas en unos días publicaré mi opinión sobre la "naturaleza masculina y femenina". Mientras seguiré leyendo algunas entradas tuyas que me quedan sin leer y de verdad que las disfruto mucho.

Un abrazo muy fuerte, estamos en contacto.

Rubén Ballesteros

Rubén Ballesteros
Creo que la salud es lo más importante en la vida. Sin salud ni tan siquiera habría vida. La salud ha sido siempre el hilo conductor de todo lo que he hecho hasta ahora, incluso cuando no era consciente de ello.

Desde el impulso vehemente de mi adolescencia que me llevó a practicar diferentes deportes de manera intensa y comprometida. Pasando por la curiosidad de la juventud que me llevo (y me lleva) a explorar regularmente diferentes partes del mundo. O mi iniciación en las filosofías de vida orientales como el Tantra o el Tao. Hasta el momento presente, en que me dedico a tratar personas (no pacientes) para mejorar su salud. Todas estas acciones han sido y son manifestaciones de mi búsqueda por encontrar y posteriormente ayudar a otros a encontrar la salud.

Siendo salud un termino ambiguo, debo decir que para mí esta se define en el conjunto más amplio de la misma: Una salud integral e integradora de cuerpo, mente y espíritu. Para mí la salud engloba bienestar, felicidad, plenitud, realización, equilibrio y amor. Además obviamente de funcionalidad y normalidad en todas y cada una de las estructuras biológicas de nuestro cuerpo, siendo esta última su definición más clínica.

La Organización Mundial de la Salud define salud como "el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia" añadiendo posteriormente "y en armonía con el medio ambiente". Se puede por lo tanto entender la salud como el nexo imprescindible para reconciliar al hombre con él mismo, con su esencia y con el mundo que lo rodea.

Un abrazo de Luz.
Rubén Ballesteros.

Asesoramiento sexual

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